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| Distintos ejemplos de patios andaluces en Córdoba, Málaga, Granada y Sevilla. |
El pasado 6 de Diciembre la Unesco declaraba (por fin)
Patrimonio Inmaterial de la Humanidad la fiesta de los patios cordobeses, un
evento singular que tiñe de color y gracia las primaveras de la antigua capital
Omeya. Qué duda cabe que ello ha sido posible con la suma y el esfuerzo de
muchos, los propios vecinos, colectivos ciudadanos, ayuntamientos sensibles a
la fiesta y una correcta conservación del espacio protagonista el PATIO.
El patio como elemento articulador de un espacio,
facilitador de relaciones interpersonales, espacio que ilumina, ventila,
refresca el ambiente, mantiene la humedad en los calurosos veranos
meridionales, ofrece el espacio para trabajos manuales, donde estaba colocado el
brocal del pozo e innumerables macetas, donde y las señoras se arremolinaban en torno a los lebrillos para lavar
la ropa, etc.
Puede afirmarse que el patio es la esencia de la casa
mediterránea, un elemento imprescindible desde la Antigua Grecia, desarrollado
por romanos y culminado bajo dominación musulmana, cuya tradición hicieron suya
los cristianos tras la reconquista para legarla a las generaciones venideras.
No fue hasta la globalización de la arquitectura en la segunda mitad del siglo
XX con el denominado “Estilo Internacional” cuando esta tradición se perdió a
favor de una arquitectura más impersonal, más seriada, menos proclive a las
relaciones sociales entre sus habitantes.
Al igual que en Córdoba, en Málaga el patio constituía el
elemento vertebrador de su vivienda típica entre los siglos XV y XIX. En el último tercio del siglo XIX y
coincidiendo con su despegue económico, la población de Málaga aumentó
considerablemente fruto de la emigración rural sin que las propias
infraestructuras de la ciudad estuviesen preparadas para soportar tal presión
demográfica. Fue entonces cuando las propias élites económicas promovieron la
construcción de los famosos “corralones malagueños”, que no eran otra cosa que
viviendas plurifamiliares cuya esencia es el patio.
En Córdoba encontramos los patios, distribuidos por todo su
centro histórico, en Sevilla la corrala, presente en barrios como Santa Cruz y
Triana, en Granada el corral, presente en su centro histórico y barrio del
Albaicín, y en Málaga el corralón, ¿dónde están los corralones?, contábamos con
decenas de ellos en barrios como el Perchel, Trinidad, Molinillo, Goleta,
Victoria, Bulto, etc. Hoy en día sólo se ha “rehabilitado” uno, el de Santa
Sofía en la calle Montes de Oca, se han reconstruido dos en calle Feijoo, queda
otro seriamente amenazado, el de las Dos Puertas, otro par en ruinas y el resto
han sido demolidos. Por eso Málaga –capital-nunca podrá ser Patrimonio de la Humanidad en nada, no somos una
ciudad modélica en lo que al tratamiento de las costumbres o espacios se
refiere, los barrios históricos fueron heridos de muerte desde los años
sesenta, y paulatinamente destruidos; en su centro histórico no cesan las
demoliciones y la cultura es entendida desde su ayuntamiento a base de
talonario y cifras astronómicas.
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| Corralón de Santa Sofía (2008), Dos Puertas (2012) y calle Blas Palomo en el Palo -años 60-. |
Tipológicamente todos responden al mismo esquema, con las estancias o "salas" estructuradas en torno a uno o varios patios. Sus cronologías son muy amplias, conociéndose
ejemplos que van desde la dominación musulmana hasta construcciones recientes
que han sabido mantener este modelo arquitectónico. En Málaga, seguramente ya
se diesen casas de vecinos en el siglo XVI, sin embargo las más antiguas que se
conocen han correspondido a reocupaciones de edificios de los siglos XVII y
XVIII, como por ejemplo ocurrió en el antiguo Mesón de la Victoria (hoy rehabilitado
con acierto como Museo de Artes y Costumbres Populares) o la Casa del Obispo en
el perchel (sede de la EPSA) de la que sólo se conservó la primera crujía.
Los ejemplos de viviendas unifamiliares sí son más
numerosos, aunque al menos en el caso malacitano también menos accesibles.
Desde este rincón queremos felicitar a Córdoba y a los
cordobeses que con su constancia y buen hacer han conseguido culminar un largo
camino con el mayor reconocimiento cultural a nivel internacional,
reconocimiento que por sí sólo supondrá aumentar el ya importante flujo de
visitantes que eligen Córdoba como destino de vacaciones, con los beneficios
económicos en todos los sectores que ello conlleva.


