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lunes, 22 de noviembre de 2010

Estación de San Julián



Un seguidor se ha puesto en contacto con nosotros para informar sobre el derribo de la antigua estación de San Julián.

La línea férrea Málaga- Coín estuvo entre las tres líneas suburbanas existentes en la provincia a principios del siglo XX, las otras dos enlazaban con Ventas de Zafarraya y Fuengirola. Todas estas líneas habían sido concebidas como proyectos mucho más ambiciosos para enlazar Málaga con Sevilla, Granada y Cádiz, aunque estos proyectos nunca llegaron a realizarse por la quiebra del capital (en su mayoría belga) que la explotaba.

En la estación de San Julián la línea se bifurcaba en dos continuando hacia Torremolinos y Churriana respectivamente.

La línea Málaga-Ventas de Zafarraya fue puesta en funcionamiento en 1908, a Coín en 1912, mientras que a Fuengirola en 1916. Menos la de Fuengirola, estas líneas fueron desmanteladas en los años sesenta, quedando sus estaciones abandonadas en su mayoría. Algunas de ellas han sido recuperadas para otros usos como oficinas turísticas o bibliotecas, otras fueron ocupadas por familias, mientras que algunas fueron derribadas.

Las estaciones existentes en los recorridos de estos trenes eran simples pero de gran funcionalidad, muy acordes con la arquitectura ferroviaria de finales del siglo XIX y principios del XX, desprovista de elementos ornamentales o innecesarios.
La estación de San Julián respondía a este tipo de arquitectura; de gran sencillez, se componía de un único cuerpo de dos plantas cubierto por un tejadillo a dos aguas.

El único elemento ornamental lo constituían las esquinas de ladrillo simulando un almohadillado y las dovelas resaltadas de los arcos rebajados de las puertas.
Abandonada durante décadas fue recientemente derribada en un entorno de gran presión urbanística (centros comerciales, viviendas, etc).

La imagen ha sido obtenida en la web http://www.laestaciondetren.net/index.htm

viernes, 17 de septiembre de 2010

Marquesina y antigua estación de ferrocariles










La llegada del ferrocarril a Málaga era un hecho anhelado por buena parte de la burguesía malagueña decimonónica. No obstante fue gracias al impulso de las familias Heredia y Loring cómo se consiguió la realización de tan ansiado proyecto.

Una de las razones que más influyeron para la consecución de esta infraestructura, era la traída a Málaga de carbón mineral desde la Sierra de los Pedroches (Córdoba) con el fin de alimentar los ya de por sí maltrechos Altos Hornos malacitanos (los cuales se servían de carbón importado desde Inglaterra).

Las obras se alargaron entre 1860 y 1865. Como fin del trazado se edificó el que quizás fue el primer ejemplo en la capital de arquitectura del hierro y el cristal, la estación de Málaga. Su construcción es un buen ejemplo de la unión entre la ingeniería y la arquitectura, así se introdujo una técnica novedosa en el panorama malacitano. Las grandes estructuras de hierro posibilitaban la cubrición de grandes espacios destinados a acoger las vías, a la vez que permitían la creación de espacios diáfanos y bien ventilados.

El lugar elegido para erigir la estación se encontraba apartado del centro de la ciudad, junto al barrio del Perchel y cerca de los grandes espacios industriales de la Málaga decimonónica.

La construcción fue proyectada en 1863 por el ingeniero Antonio Arriete, el proyecto consistía en dos pabellones simétricos entre los cuales se abría un espacio de ochenta metros de longitud por treinta y uno de anchura cubierto por una sencilla estructura metálica de hierro cuyo sistema se llama Polenceau. El frente exterior de la estación en un principio había de solucionarse mediante nueve arcos de medio punto que soportarían la vidriera frontal. Sin embargo se optó por una solución más atrevida consistente en un gran arco carpanel flanqueado por dos de medio punto.

Pese a grandes intervenciones llevadas a cabo durante el siglo XX y que prácticamente destruyeron los dos pabellones laterales, la marquesina de la estación de Málaga resistió el paso del tiempo; la llegada de la línea de Alta Velocidad Española (AVE) a Málaga supuso un cambio radical en la fisonomía de esta zona. Los proyectos para dotar a Málaga de una estación de trenes acorde al siglo XXI no repararon en la conservación de la antigua estación, cosa que sí ocurrió en otras muchas ciudades (estación de Atocha, Plaza de Armas –Sevilla-, Valencia, etc). Nada más lejos de la realidad, en la reordenación del espacio sólo primaron intereses económicos que supusieron la construcción de un gran centro comercial sobre los terrenos, en detrimento de una estación adaptada a las necesidades de una población como Málaga.

Ni el Adif, ni el Ayuntamiento o la Junta de Andalucía, velaron por la preservación de este espacio, y fue finalmente in-extremis, como ésta última protegió la marquesina como Bien de Interés Cultural, lo que no impidió la desaparición del resto del conjunto ni que ésta fuese “arrancada” de su ubicación original.
Algunos proyectos manejados por el Ayuntamiento de la capital, como el intercambiador de la estación de tren, dejaban ver en las recreaciones fotográficas una hipotética restitución de la marquesina, ideas que en su mayoría han quedado en papel mojado.

Así más de cuatro años después, tanto los dos pabellones laterales siguen cubiertos por una lona a la espera de que se acometa su restauración. Mientras tanto la antigua marquesina espera abandonada en un almacén municipal, su restitución en algún espacio que pocos desde sus despachos pretenden aventurar.

En las imágenes pueden observar distintas visiones de la estación a lo largo del tiempo y una fotografía artística obra de Francisco Sánchez Romero de los años ochenta.