viernes, 17 de septiembre de 2010

Marquesina y antigua estación de ferrocariles










La llegada del ferrocarril a Málaga era un hecho anhelado por buena parte de la burguesía malagueña decimonónica. No obstante fue gracias al impulso de las familias Heredia y Loring cómo se consiguió la realización de tan ansiado proyecto.

Una de las razones que más influyeron para la consecución de esta infraestructura, era la traída a Málaga de carbón mineral desde la Sierra de los Pedroches (Córdoba) con el fin de alimentar los ya de por sí maltrechos Altos Hornos malacitanos (los cuales se servían de carbón importado desde Inglaterra).

Las obras se alargaron entre 1860 y 1865. Como fin del trazado se edificó el que quizás fue el primer ejemplo en la capital de arquitectura del hierro y el cristal, la estación de Málaga. Su construcción es un buen ejemplo de la unión entre la ingeniería y la arquitectura, así se introdujo una técnica novedosa en el panorama malacitano. Las grandes estructuras de hierro posibilitaban la cubrición de grandes espacios destinados a acoger las vías, a la vez que permitían la creación de espacios diáfanos y bien ventilados.

El lugar elegido para erigir la estación se encontraba apartado del centro de la ciudad, junto al barrio del Perchel y cerca de los grandes espacios industriales de la Málaga decimonónica.

La construcción fue proyectada en 1863 por el ingeniero Antonio Arriete, el proyecto consistía en dos pabellones simétricos entre los cuales se abría un espacio de ochenta metros de longitud por treinta y uno de anchura cubierto por una sencilla estructura metálica de hierro cuyo sistema se llama Polenceau. El frente exterior de la estación en un principio había de solucionarse mediante nueve arcos de medio punto que soportarían la vidriera frontal. Sin embargo se optó por una solución más atrevida consistente en un gran arco carpanel flanqueado por dos de medio punto.

Pese a grandes intervenciones llevadas a cabo durante el siglo XX y que prácticamente destruyeron los dos pabellones laterales, la marquesina de la estación de Málaga resistió el paso del tiempo; la llegada de la línea de Alta Velocidad Española (AVE) a Málaga supuso un cambio radical en la fisonomía de esta zona. Los proyectos para dotar a Málaga de una estación de trenes acorde al siglo XXI no repararon en la conservación de la antigua estación, cosa que sí ocurrió en otras muchas ciudades (estación de Atocha, Plaza de Armas –Sevilla-, Valencia, etc). Nada más lejos de la realidad, en la reordenación del espacio sólo primaron intereses económicos que supusieron la construcción de un gran centro comercial sobre los terrenos, en detrimento de una estación adaptada a las necesidades de una población como Málaga.

Ni el Adif, ni el Ayuntamiento o la Junta de Andalucía, velaron por la preservación de este espacio, y fue finalmente in-extremis, como ésta última protegió la marquesina como Bien de Interés Cultural, lo que no impidió la desaparición del resto del conjunto ni que ésta fuese “arrancada” de su ubicación original.
Algunos proyectos manejados por el Ayuntamiento de la capital, como el intercambiador de la estación de tren, dejaban ver en las recreaciones fotográficas una hipotética restitución de la marquesina, ideas que en su mayoría han quedado en papel mojado.

Así más de cuatro años después, tanto los dos pabellones laterales siguen cubiertos por una lona a la espera de que se acometa su restauración. Mientras tanto la antigua marquesina espera abandonada en un almacén municipal, su restitución en algún espacio que pocos desde sus despachos pretenden aventurar.

En las imágenes pueden observar distintas visiones de la estación a lo largo del tiempo y una fotografía artística obra de Francisco Sánchez Romero de los años ochenta.

5 comentarios:

Pepe Percheles dijo...

Todo un símbolo industrial no solo para el barrio sino para toda la ciudad. Pero alguien le pareció que no quedaba bien con el nuevo proyecto de la estación, todo un error a mi parecer. Aún sigo pensando que podría integrarse perfectamente con la actual fisionomía del recinto, es más, le daría un aspecto monumental a la zona tan castigada, que si se acompaña de una buena iluminación nocturna como la del puente de los alemanes, se integraría a la perfección con su entorno.

Pero no. Habrá que seguir soñando y añorando. Quizás algún día nso llegue alguna noticia de que fue robada y vendida como el sonajero, o simplemente la humedad del almacen donde está acabe con ella.

Me encantó esta actualización.

Pepe Percheles dijo...

P.D. Me encantó la foto de Francisco, es genial y transmite al aperfección la melancolía de uan estación, todo lo contrario a un centro comercial.

En un intento de aportar un granito de arena e intentar revalorizar la marquesina, algunas de mis fotografías las firmo con ella. Que no olvidemos su existencia y la hubicación de la que la arrancaron.

Málaga en Verde dijo...

Sería muy facil recolocar gran parte de la marquesina en su lugar original, o sea, en el espacio delimitado por los dos pabellones históricos y la fachada del Vialia, justo encima de la parada de taxis.

Haría así las veces de antesala monumental a la nueva estación y se recobraría una imagen emblemática de nuestra ciudad.

Por desgracia se desechó la idea en el proyecto cuando era factible haberla conservado en buena medida. Pero no convencía a nuestros ilustres políticos, ya que buscaban algo moderno, rompedor, como les gusta a ellos, romper con todo lo anterior.

Y todos sabemos que las decisiones de nuestros políticos son dictatoriales y encima tienen muy mal gusto, se pirran por cualquier cosa que parezca moderno: cristal, brillo y lucecitas de colores.

Por lo que si hay que arrasar con lo anterior pues se arrasa. Total, para 4 años que van a estar...

P.D.: tengo entendido que la cubierta no es la original, que se cambió allá por los años 60. Sin embargo sería muy facil reproducir la primitiva ya que las estructuras de hierro son muy sencillas de fabricar y montar. Es cuestión de voluntad política.

$. M. K. dijo...

La nueva estación de Málaga no me gusta nada. No me gustó en su inaguración y me sigue sin gustar ahora. Es un pegote que no le va nada.

Echo de menos aquella marquesina, pero lo que más echo de menos es aquella réplica del Guernica de Picasso hecha de aluminio que había en la entrada de cercanías.

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo con los anteriores comentarios y cada vez que viajo a otros paises y veo cómo conservan sus artísticas marquesinas de hierro en las estaciones, me dá algo pensando en nuestra pobre estación despojada de la suya por unos señores que no saben lo que hacen y creen que lo saben. La última que he visto ha sido la de Helsinki, todo un icono que mantiene en pié gente inteligente. Menos mal que en la remodelación del mercado de Atarazanas, no se les ocurrió quitar las que había.