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viernes, 6 de mayo de 2011

Nuevas agresiones en el entorno de la Judería







El entorno de la judería malagueña sigue sumando agresiones en lo que parece ser el camino hacia su total desaparición.

Si bien el palacio Solesio o Marqués de la Sonora parece estar condenado ya al olvido tras la suspensión de las obras del hotel de lujo que iba instalarse en él (no sin antes derribar prácticamente todo el conjunto como ya reflejamos en nuestro blog), el inmueble anexo (el nº 51 de la calle Granada, haciendo esquina con la calle Beatas nº 55), se sumará próximamente al conjunto de inmuebles que desaparecen en uno de los entornos más castigados de nuestra ciudad.

Cronológicamente se trata de un ejemplo de arquitectura del barroco civil malacitano con importantes reformas posteriores en las que se modificaron tanto los balcones como algunos vanos. Sin embargo aún conserva un interesante canalón de cerámica vidriada típicamente dieciochesco.

Pese a estar a escasos treinta metros del Museo Picasso, junto al Torreón Mudéjar(también víctima de una intervención que supuso su total descontextualización en el entramado urbano en el que se insertaba) y en el entorno inmediato de un BIC como es la iglesia de Santiago, este edificio carece de protección arquitectónica, reduciéndose la protección a la de carácter ambiental.

Así, y pese a que su aspecto exterior es bueno, el pasado 26 de enero pasó tener la declaración de ruina. Ello implica que la propiedad tiene un año para acometer las mejoras necesarias para su conservación, o bien su demolición, siendo la segunda opción la que acaba imponiéndose en la mayoría de los casos. Sin embargo esto no es lo peor; una vez demolido el edificio se aumenta la edificabilidad del solar con la adición de mayores alturas a las que existían en origen, y es esta la causa de que a los propietarios/promotores les sea mucho más rentable demoler frente a restaurar.

Por si todo esto fuese poco, justo frente de este inmueble, cerrando el solar donde “se inventará” la denominada Plaza de la Nieve, se alza la estructura del nuevo mesón Blas Palomo. El antiguo, ubicado el mismo lugar que el anterior, junto a la popular bodega “El Pimpi” fue demolido para dar paso al plan de la judería. Por lo que actualmente puede apreciarse, mucho nos tememos que el nuevo proyecto perturbará más aún el espacio haciendo uso de enormes cristaleras (siempre a juzgar por los grandes vanos).

Es curioso que ni en plena campaña electoral se hayan lanzado a adecentar un poco este espacio situado en el corazón del Centro Histórico, espacio por el que diariamente pasan decenas de turistas. De nada sirve que el Ayuntamiento contrate monitores de baile para “animar” a aquellos que nos visitan, si calles más arriba tienen un panorama más propio de la España de los años cuarenta.

viernes, 15 de octubre de 2010

Progresiva destrucción de la calle Tomás de Cózar









Tal y como comentábamos acerca de la calle Tomás de Cózar, su decadencia avanza a pasos agigantados hacia su completa desaparición. Aquella que en otro tiempo fuese
una de las vías que mejor reflejaba la Málaga medieval en lo viario y la dieciochesca en lo arquitectónico, hoy es un inmenso solar en el que los abandonos y los consiguientes expedientes de ruina se suceden.

Ahora ha llegado el turno al inmueble nº 14, edificio del siglo XVIII, buen ejemplo de la arquitectura civil de la época y con grado de protección arquitectónica II (por lo que vemos esta distinción tiene poco valor, pues están siendo muchos los inmuebles que están desapareciendo pese a contar con ella).

A escasos metros de esta vivienda se alza aquel gigante herido y también expoliado Palacio Solesio o del Marqués de la Sonora, o frente a éste un enorme solar del que emerge, casi por arte de magia, un torreón mudéjar, que a su vez se asienta sobre un muro desprendido que no es otra cosa que parte de la antigua muralla malagueña. Este muro salió a la luz tras el derribo del susodicho solar, y en su momento conservaba todo su alzado, pero años de abandono lo han llevado a la ruina.

Tras este muro, con puerta a la calle Medina Conde, se conserva la crujía de un caserón también del siglo XVIII, y con pinturas murales. En su momento se anunció que su rehabilitación iba a conservar la distribución interior, si es que no se desploma antes, y es que desde que se procedió al vaciado de su interior, el inmueble ha permanecido a la intemperie, a la espera, quizás, de que palomas, humedad y lluvias, hagan el trabajo sucio.

Y todo esto en menos de 100 metros, ¡ni en Grozny!

En la primera imagen pueden ver el inmueble declarado en ruina recientemente (fuente: Opinión de Málaga); le sigue el enorme solar en la calle Tomás de Cózar con
el torreón; una imagen del mismo de la primera mitad del siglo XX.

jueves, 27 de mayo de 2010

Palacio del Marqués de la Sonora/Solesio














En 1789 don Félix Solesio, comerciante genovés establecido en Málaga y asentista de la Real Fábrica de Naipes de Macharaviaya (por lo tanto vinculado a la familia Gálvez) solicitó al cabildo el permiso para la construcción de un palacio en la calle Granada. Para ello pidió además el retranqueo de la misma con el fin de poder permitir que los carros girasen con la suficiente amplitud en este espacio.
El resultado fue una fachada con forma de L que sin duda es una de las mejores obras de arquitectura doméstica dieciochesca de la ciudad.

Sobre la autoría del proyecto poco se sabe, aunque algunos autores como el profesor Morales Folguera lo sitúen estilísticamente cercano a Martín Aldehuela.

El edificio consta de tres plantas más un tejado con buardillas o mansardas. En el primer cuerpo destaca la interesante portada adintelada de mármol, enmarcada por dos pilastras cajeadas rematadas por dos ménsulas que sostienen el entablamento decorado con rocallas y guirnardas. Sobre el entablamento existen otras dos extrañas ménsulas que quizá fuesen realizadas como soportes del balcón principal y que finalmente quedaron como elementos ornamentales de la propia portada (aunque sirvan de tornapuntas –apoyo- del balcón principal). Entre estas dos ménsulas encontramos el escudo de la Casa Gálvez. Sobre la portada encontramos el balcón principal antepechado y curvo, flanqueado a su vez por sendos elegantes cierres enrejados. La tercera planta, separada por una línea de imposta cuenta con otros tres balconcillos (uno de ellos reconvertido posteriormente en mirador). La fachada se cierra con tres mansardas coronadas por frontones triangulares.

Tras la portada se abría un hermoso zaguán presidido por una portada marmórea de columnas toscanas que sostenía un frontón curvo profusamente decorado (guirnardas, palmas, palomas, volutas, cornucopias y flores). Flanqueando esta portada encontrábamos sobre dos altos basamentos, sendos mascarones coronados por cestos de frutas (estos elementos suelen aparecer en el repertorio de Aldehuela). El zaguán daba paso a una espectacular escalera que ascendía hacia el interior del edificio.
Sobre la denominación del edificio como palacio Gálvez o del Marqués de la Sonora, hoy sabemos que esta ilustre familia nunca lo habitó. Sí que fue utilizado por Félix Solesio como almacén del papel para la Real Fábrica de Naipes de Macharaviaya. Tras la muerte de éste en 1806 víctima de una epidemia, el inmueble fue entregado como forma de pago por las deudas contraídas con sus antiguos socios. Luego fue colegio y parte de sus dependencias fueron reconvertidas en viviendas privadas. Como recordaba Elisenda Azuaga López, que sirvió en una de ellas en la década de los años 20 del siglo XX: “en ese balcón (refiriéndose al principal), le sacábamos brillo a unos peroles de cobre de los señores de la casa”.

El escudo de la familia Gálvez debió de ser colocado en ese lugar a partir de 1946. Por fotografías del archivo Temboury sabemos que se encontraba en Macharaviaya en este año. Seguramente perteneció a la casa de la familia Gálvez, que tras su desaparición pasó a las manos de la condesa de Berlanga de Duero, quien lo cedió para que fuese colocado donde hoy día puede ser admirado. Sobre la identificación del inmueble con la familia Gálvez, la primera referencia nos la da Narciso Díaz de Escovar a principios del siglo XX, asegurando que en este palacio se alojaba el Marqués de la Sonora durante sus estancias en Málaga, cosa imposible ya que José de Gálvez murió dos años antes de comenzarse a edificar.

Tras ser adquirido por la Sociedad Azucarera Larios para reconvertirlo en hotel de cinco estrellas, se derribó su interior -2006- (sólo se rescataron las columnas del patio habiéndose perdido la fantástica escalera entre otros muchos elementos) bajo el pretexto de las malas condiciones que presentaba el inmueble. El proyecto redactado por Salvador Moreno Peralta se topó además con la aparición en el subsuelo de importantes restos arqueológicos romanos. Esto parece molestar a la dirección de las obras dado que la Junta de Andalucía exigió su conservación alterando así el proyecto presentado por Moreno Peralta quien se niega a reubicar las cocinas del hotel en otro lugar.

Así el palacio lleva abandonado más de cuatro años con el consiguiente peligro de derrumbe de sus fachadas. Recientemente se han retirado los andamios que la ocultaban sin que por el momento se sepa cuándo serán reanudadas las obras. Por lo pronto Málaga ha perdido uno de los mejores ejemplos de arquitectura civil con los que contaba con la desaparición de gran parte de los elementos que componían el espacio.

En las fotografías pueden ver una imagen del estado del edificio antes de la retirada de los andamios, otra de la portada previa al inicio de las obras; una imagen de la fachada principal sin el escudo de los Gálvez que hoy la preside; el escudo de los Gálvez antes de ser instalado en este lugar; uno de los jarrones de frutas sobre volúmenes prismáticos; la escalera principal con su portada ricamente decorada.